“La vida con un perro es más feliz” de Emilio Ortiz

 

portada_la-vida-con-un-perro.jpg      Emilio Ortiz (Barakaldo, 1974) nació con una retinosis pigmentaria, enfermedad que le fue dejando ciego poco a poco hasta que, a los veinticinco años perdió totalmente la visión. Lector insaciable desde niño, la vida le obligó a aprender braille. No es un recién llegado en la literatura. Ha publicado muchos microrrelatos y posee dos galardones internacionales que premian este género. Su debut en la novela llegó con “A través de mis pequeños ojos” y encantó a los lectores por esa ingenuidad de escoger a los perros como protagonistas, dejar que ellos tomasen la palabra.

     “La vida con un perro es más feliz” acaba de salir y puede decirse que es un segundo homenaje del autor a esos amigos peludos que, como su perro guía Spoock, viven con nosotros, sea cual sea su condición. En estas páginas, ellos vuelven a tomar la palabra, aunque la mayor aportación de Emilio Ortiz es la interpretación de las sensaciones que transmite su lenguaje.

     Se trata de un texto de carácter divulgativo difícil de clasificar. Spoock es su perro guía y, como los buenos libros, su mejor amigo, su compañero de hogar y de vida. Pero “La vida con un perro es más feliz” no es una novela de Spoock. Está plagado de experiencias que los dueños de cientos de perros reales (Pancho, May, Canelo, etc.) —todos existen o han existido— han ido relatando a su autor. En esto, no hay ficción. Como el autor afirma, cada uno tiene su “perronalidad”, su carácter, sus manías y su modo de expresarse.

     Convertir a los perros en seres parlantes es para Emilio Ortiz coser y cantar. El lector se rinde al magnetismo canino desde la primera página. Los capítulos, con ingeniosos títulos, dan un bautismo de sensibilidad a las anécdotas que va a contarnos, y hace que una entre en ellas contagiada de juegos y bromas. Traduce sus sensaciones, explica sus instintos y diferencia sus ladridos. Y lo hace de una forma apasionante.

     En su estilo, rebosa afecto, ternura, pureza y sencillez. El autor vasco ha estudiado de cerca el modus operandi de estos peluditos, pero sobre todo, ha sabido sacar brillo a esa bondad del perro que es virtud universal. Esto hace que sea un libro para todos, porque a todos llega con idéntica intensidad. Puede colarse en el alma de los niños, y también en el alma adulta, bastante más curtida y fatigada.

     Poco a poco, la mirada profética de este autor ciego va desgranando con tono optimista los beneficios que aporta la compañía del perro, ese ser terapéutico para el hombre, que posee rasgos fascinantes. Es el mejor antídoto de la soledad, el animal más fiel, el más simpático, el más intuitivo, la vista de los ciegos y los oídos para los hipoacúsicos. Un buen policía y protector de mujeres maltratadas, cuidador de niños, un animal que nos quiere siempre. Y ojo, posee una inteligencia que, en comparación con la del hombre, es distinta, pero la diferencia es de grado, no de tipo. Ojalá fuera contagiosa su generosidad y su fidelidad. Bello libro. Sorprendente libro. Como tantas veces, lo sorprendente se encuentra en lo cotidiano.

     Buenas tardes y buenas lecturas.

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