“La mujer es una isla” de Audur Ava Ólafsdóttir

isla La novela que recomiendo hoy es un ejercicio de introspección hacia el universo femenino. Narrada en primera persona, la protagonista —de nombre no desvelado— podría ser cualquier mujer.

   El argumento: una mujer cuyo marido acaba de pedirle el divorcio sigue la absurda predicción de una vidente —que más que otra cosa recuerda a una sex symbol italiana de ésas que se veían en los años sesenta— quien le dice: “hay un premio de lotería, dinero y un viaje. Tres hombres, a lo largo de tres tramos de cien kilómetros cada uno; tres animales muertos; tres pequeños accidentes (…). No volverás a ser la misma, pero al final de todo, llevarás la luz en tu regazo”. Acompañada de un niño de 4 años (algo sordo y con mala visión) hijo de su mejor amiga (madre soltera, mujer instruida y un poquito dada a la botella), coge el coche y se lanza a una ruta sin destino que le llevará a recorrer buena parte de Islandia. El equipaje es liviano —o no, según se mire—: optimismo, dos peluches, un mapa y un buen fajo de billetes. Nada que no quepa en cualquier maleta. Las carreteras tapizarán el entorno de páramos lluviosos, niebla, árboles que hunden sus raíces en tierra empapada… Pero la verdadera aventura, la aventura, es la que ella recorre hacia el interior de sí misma, viaje que no requiere optimismo, peluches, mapa, ni dinero. Allí encontrará, sin embargo, el paisaje más conmovedor, el descubrimiento epifánico que da título al libro: la mujer es una isla. Un ser independiente y autosuficiente, capaz de alcanzar por sí misma las grandes metas de la vida: paz, armonía, libertad, amor, y en ocasiones, felicidad.

     Dicho así, parece un libro zen. Y no, nada de eso. Disculpad esta forma mía de escribir tan penosa, en la que acuden a mí adjetivos o expresiones sin ser convocadas. Extraigo una frase que pueda revelar más el espíritu de la novela: “Soy una mujer en medio de un patrón finalmente tejido de tiempo y sentimiento” (pág. 176).

     La autora abandona el clásico territorio narrativo de contar una historia sin más para adentrarse, a través de anécdotas que habitan en el recuerdo, en su intrahistoria personal, vital y sentimental. El rescate de emociones que pasaron en su vida —no por su vida, pues allí se quedaron para siempre, grabadas en su memoria— le sirve para (re)conocerse como mujer, pero le sirve, sobre todo, para alentar reflexiones esperanzadoras de esa isla, ese territorio escarpado con infinitos rincones por conquistar que es el universo femenino.

     De lectura cómoda, no es una novela de personajes, de grandes pasiones, ni de épicas acciones. Ni siquiera de viajes. Todo ello está, claro, pero en una dosis intermedia, muy medida y equilibrada, que parece ser la más adecuada para el tono de la narración. Lo que importa es saber encajar lo que nos viene dando la vida. Que todo ocurra y transcurra plácidamente, parece decirnos Audur Ava Ólafsdóttir (Reikiavik, 1958). Ése es el cauce más benefactor, el que permite que nada (nos) desborde. El que evita que nos atronen los ruidos. El que impide que nuestra atención se desvíe hacia otro estímulo que no sea el ritmo acompasado o sus arritmias —sin duda, éstas mucho más emocionantes— del corazón que bombea la pálida vida de algunas cosas.

     Desde la atalaya de sus 33 años la protagonista observa cuán generoso y variado es el caudal de experiencias vividas. Ella es, ha sido siempre, una heroína anónima. Acepta el abandono de su marido como algo natural, como si lo estuviera esperando. Encaja cualquier contrariedad con una calma desafiante. Con placidez de claustro benedictino. A modo de guiño cómplice, ésta es la mirada metafórica con la que la autora islandesa cita al lector. Conforme una avanza en la narración, entre intermitentes parpadeos, se descifra el mensaje de este guiño: ¿realmente vale la pena sofocarse por esto?

     Aunque la historia en sí es desoladora, no deja impronta amarga. Tal vez, porque cada página está llena de frescos matices, de sutiles vetas de humor bien templado. Frases breves, capítulos exagües, narración fluida. Todo vertido sin altibajos, sin excesos. Ésta es la cosa. Lectura entretenida, reflexiva, bastante original. Excelente para una tarde de domingo, o de cualquier otro día, en la que queramos dejarnos mecer por una novelita bien cosida que trata de deshilvanar, con paciencia, ternura y mucha maña, el tupido entramado de las relaciones humanas tejidas en la vida de una mujer.

     Buenos días y buenas lecturas.

audur

2 thoughts on ““La mujer es una isla” de Audur Ava Ólafsdóttir

    • Sí, Esther, es una historia tranquila y bonita. Y lo más bonito, la relación que se establece entre ella y el niño de 4 años. Cuando acabas el libro quisieras poder abrazar a ese niño. Sin apenas hablar, lo ha bañado todo de ternura. Gracias por tu comentario, Esther.

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