Uno de los mayores placeres para los amantes de los libros es que caiga en nuestras manos un libro que hable de libros. Este tipo de textos nos hacen muy conscientes de que somos lo que leemos, sobre todo, si se hace con una voz sugerente y accesible para todos como es la de Ricardo Moreno (Madrid, 1950).
Tras un prólogo de Javier Jiménez, se pregunta por qué es bueno leer y su respuesta es contundente: «porque es muy entretenido». Leer es un estilo de vida que genera entusiasmo en quien lo practica a través del prodigio de la imaginación. En la misma línea, decía Vargas Llosa que «la literatura es un truco que nos permite huir de la realidad e imaginar que somos lo que quisiéramos ser».
Este pequeño ensayo es una invitación a la lectura desde la infancia y un clamoroso reclamo a la necesidad de volver sobre los clásicos. A gozar con los escritores con encanto, con los poetas que no se atreven a vivir la poesía que escriben y a que la lectura sea un hábito de nuestra vida tan arraigado como vestirnos (que salir de casa sin un libro sea una experiencia tan extraña como la de salir sin la ropa que cubre nuestras vergüenzas). También es una llamativa disertación sobre las bondades de buscar la lectura en papel antes que en la pantalla. En definitiva, este centenar de atractivas páginas es un manual de incitación a la bella y sana costumbre de leer, el más nutritivo ejercicio que puede ejercerse en soledad y silencio a lo largo de toda nuestra vida.
«La vida con libros» aporta interesantes reflexiones. Una de ellas es tratar de dar luz a uno de los misterios no resueltos de la creación artística. Me refiero al abismo existente entre la grandeza de algunas obras y la vulgaridad de quienes las escribieron. Es toda una invitación a juzgar la obra sin entrar en el autor. Nos dice así: «Un artista como tal ha de ser juzgado por su obra, y desacreditarlo por razones que nada tienen que ver con ella es propio de artistas mediocres y de envidiosos que no soportan la valía ajena» (pág. 63).
Es sabido que el lector pide paz y la siembra. Dadas por buenas estas razones, sobran las demás. A quien habitualmente lleva un libro en el bolsillo nunca se le hará largo un viaje, ni el tiempo de espera en una cola, porque lleva consigo el arma para luchar contra la soledad, la rutina y lo prosaico.
Un pequeño texto que todo lector empedernido podrá disfrutar como aperitivo y acicate de nuevas lecturas y avivará la pasión de ejercer el mejor entretenimiento del mundo.
Buenos días y buenas lecturas.


