«Mi marido» de Maud Ventura

La novela de hoy es el debut de Maud Ventura (París, 1992) y viene coronada con el Premio a la Primera Novela en el año 2021.

«Mi marido» es una historia bastante perturbadora y audaz sobre los vaivenes de la pasión y los oscuros secretos que esconde un matrimonio con dos hijos y una vida aparentemente normal.

Respecto al título escogido, nunca el adjetivo que la gramática llama posesivo había sido mejor utilizado: “Pienso en mi marido todo el tiempo, quiero enviarle un mensaje en cada etapa de mi día, me imagino diciéndole que lo amo cada mañana, sueño que hacemos el amor cada noche”.

Está estructurada en 7 capítulos, concebidos como los días de la semana, y narrada en primera persona desde el punto de vista de la protagonista, una cuarentona que trabaja como traductora y vive trastornada por la relación amorosa que mantiene con su marido. El estilo narrativo es muy ameno, con alguna escena cómica que invita a entrar pronto en el asunto, que no es otro que la tumultuosa meteorología amorosa de una mujer cuyo nombre desconocemos.

Lo suyo no es un amor al uso, sino una entrega desbocada, casi patológica, fruto de una insólita ansiedad. El amor puede alcanzar proporciones inquietantes, pero la mente de esta mujer alberga unas coordenadas tan disparatadas que su conducta es digna de ser novelada. La relación con su marido le exige tanto que es absolutamente incapaz no ya de serle infiel (un episodio de infidelidad tuvo el efecto de volverla más enamorada de él todavía), sino incluso de ser una buena madre. Ella ama a sus hijos, pero ellos se interponen en su pasión: «Estoy demasiado ocupada estando enamorada para ser una buena madre». Sus neuras la tienen tan entretenida, tan ocupada, que en su familia no existe más que su marido. Él colma todas sus carencias e inseguridades. Es el molde perfecto para quien ha quedado estancada en la primera etapa del amor.

Se casaron a los dos años de conocerse, cuando ella era una joven inmadura, pudorosa y angelical. Quizá, demasiado joven, inmadura, pudorosa y angelical. Con los años, han ido asomando algunas manías que han mudado la percepción que tiene de él. Por ejemplo, vive con una percepción cromática del tiempo. Como si se pusiera un filtro en los ojos, el paisaje cambia de tonalidad según sea un día u otro de la semana. También cree que dormir es renunciar a la otra persona, de modo que guarda rencor a su marido por dormirse deprisa estando con ella en la cama. Para ella, dormir es dejar de querer.

La narración maneja la asfixiante fijación con el marido sirviéndose de frases cortas y una palpa esa idolatría conyugal enfermiza adivinando la estrategia de la protagonista: “dejarle mucho espacio a mi marido, ser distante para cultivar el misterio, ponerlo celoso, no sincerarme con mis sentimientos para no asfixiarlo, no agobiarlo con un exceso de emotividad y sentimentalismo, y por encima de todo, no descuidarme físicamente. Las consignas son: ser fría, inaccesible, distante”. Una coda final, creada como un giro inesperado, remata una situación en la que, como lectores, nos sentimos atrapados. Casi puede hablarse de thriller, por esa tensión sostenida de la que no se sale hasta la última página.

En definitiva, Maud Ventura ha construido una historia que, sin llegar a la fascinación, es interesante por estar bien construida. Se lee con placer y discúlpenme si adelanto que el breve epílogo es de una maestría poco común y desvela (¡ojo! que voy a destripar el truco final) que la paranoia de esta mujer es fruto de una exquisita manipulación orquestada por el marido. Toda una invitación a reflexionar sobre los invisibles nudos del amor que mantiene atados a un hombre y una mujer. Podemos leerla con mirada crítica, distante y paradójica, o extraer ricas enseñanzas sobre la complicada intimidad de los seres humanos.

Buenos días y buenas lecturas.

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