“Sangre sabia” de Flannery O’Connor

FLANNERY     Hoy vengo con una novela que representa el surrealismo americano sureño a través de falsos profetas y de personajes enfermos de religión.

       Fue la primera obra publicada por su autora (en el año 1952) y en ella se combina el género gótico, la profecía mistérica y el mensaje del evangelio católico.

       O’Connor crea un personaje principal con rasgos de lo más grotescos. Un tipo atormentado (Hazel Motes) que pretende encontrar la paz espiritual a través de una religión creada por él: una Iglesia sin Cristo. La paranoia que Motes ha heredado de su padre, un evangelista de sabor pentecostal, le imprime una visión esquizofrénica de la fe que inunda el relato.

   Los personajes que le acompañan son sombríos. Un predicador falsamente ciego (afirma ser cegado por Cristo) y su hija, una joven que se agarra a Hazel como piedra de salvación a su soledad. Completa este crisol distorsionado el triste Enoc, quien deposita la confianza de su salvación en una figurilla disecada que quiere que sea el nuevo Jesús.

      La lectura de estas páginas es triste, a pesar de la sátira humorística que pretende crear la autora. Es una historia oscura, amarga y de personajes chiflados.

       Flannery O’Connor nació en 1925 en el sur de los Estados Unidos, en Georgia concretamente. Cultivó una devoción a contrapelo, pues aquello era un territorio repleto de visionarios y fanáticos lectores de la Biblia. En este marco, escribió este retrato social tan poco esperanzador. Los personajes tienen todos ellos una vida tormentosa espiritualmente y buscan la salvación. Pero son tan surrealistas en sus modos de proceder, que la acción me transmite un desgarro lejano. No llego a entrar en el asunto porque no me resulta creíble. A la narración le sobra superstición. Creo que lo que la autora quiere decirnos lo expresa mucho mejor a través de sus cuentos. Esta novela se me antoja un cuento hinchado. Tal vez, si hubiera escogido el relato breve como estilo narrativo me hubiera seducido más.

     En definitiva, la obra está tiznada de un tono obsesivo con la religión que no suelta y un final que la convierte en una tragedia apocalíptica. Su lectura resulta muy decepcionante porque los males que la autora pone ante nuestros ojos no tienen remedio. No busca que el lector se anime a combatirlos, sino que le insta a buscar la salvación en otro mundo porque en este no tiene arreglo.

      Lo más curioso de todo es cuando una descubre que Flannery O’Connor fue una ardiente católica toda su vida, de las de misa diaria. Y esto, como debe ser, no se nota al leerla. Es más, si no lo sabemos, cuesta trabajo imaginar que detrás de estas páginas desalmadas se oculta una creyente.

        Buenos días y buenas lecturas.

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