“Un invitado inesperado” de Shari Lapena

Con el tono de suspense que caracteriza a la narrativa policíaca, “Un invitado inesperado” de Shari Lapena (Canadá,1960) es una historia con sabor a Agatha Christie, por eso de que el detective nunca sabe más que el lector.

Algo más floja que “La pareja de al lado” (con la que la autora debutó en el género) y menos ambiciosa en lo formal, es una apuesta interesante si se persigue pasar un rato de entretenimiento y sacudir el lastre de novelas solemnes o trascendentales.

El mayor mérito de Shari Lapena es la claridad, el estar lejos de tramas enrevesadas, libre de intrigas complicadas, pocos personajes. Lo suyo es una engañosa transparencia que al lector poco avezado resultará adictiva y al más veterano hará conformar por su buen ritmo.

La autora sitúa la trama en un encantador y lujoso hotel, el Mitchell’s Inn, construido en el medio del bosque. Con este enclave de ensueño, en torno a media docena de huéspedes acuden un fin de semana en busca de relax. El hotel presume de habitaciones acogedoras, elegantes chimeneas de leña, preciosas alfombras, espejos repujados y una bodega de lo más surtida. También brinda ocasión para practicar esquí, disfrutar de excelentes vistas, o acurrucarse entre las sábanas con una buena novela de misterio.

Al poco de instalarse los huéspedes, estalla una tormenta de nieve que los deja incomunicados. No hay luz, ni teléfono, ni acceso a internet. No tarda en asomar la primera víctima, que parece haber perdido la vida tras caer por el hueco de la escalera. Con el cadáver delante, la atmósfera se torna asfixiante, la conversación de los personajes se enturbia y el lector extenderá el manto de sospecha sobre todos ellos sin excepción. Acotado el escenario, y en plena búsqueda del asesino, otro cadáver. Y al poco, otro más. Las pistas aparecen y desaparecen como si de un juego de prestidigitación se tratase. Silencios, secretos, sombras. Adivinar quién es el autor de los crímenes es el motor de la tensión narrativa y sí, más o menos latente, la tensión está bien conseguida. Otra cosa es que resulte manido el juego de ir desvelando la identidad de cada huésped, qué vida ha llevado y el motivo que le trajo al hotel, juego al que estamos invitados mientras Shari Lapena va moviendo los hilos de la intriga con el sigilo de una serpiente que se desliza sobre un cristal.

Poco más. Novela recomendable para entretener una desasosegada vigilia, sin celebrar que vaya a disfrutarse como “La pareja de al lado”. Sobra decir que en un autor no toda creación tiene igual fortuna. Menudo descubrimiento.

Buenas tardes y buenas lecturas.

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