A una se le abre el cielo cuando a sus manos llega un texto bello. Si habla de pasión amorosa o explora el arte de la seducción, la ceremonia de leer se convierte en un placer doblemente interesante. Qué bonito lo que dice y qué bonito cómo lo dice.
Como luz nueva, la lectura de «Actos obscenos en lugar privado» ha iluminado mis horas de entretenimiento y redimido el tedio de zafiedades editoriales con las que últimamente me venía tropezando. Cuánto he disfrutado el brillo luminoso de Marco Missiroli (Rímini, 1981). El italiano es autor laureado con muchos premios en Italia, entre ellos, el Campiello Opera Prima 2006 y el Mondello 2015 con esta obra, en la que ha volcado toda su intimidad sirviéndose de un chico de 12 años al que seguimos el crecimiento. Está escrito con una delicadeza embaucadora, con un ritmo seductor que convierte el acto de leer en un auténtico deleite.
El asunto que aborda es la educación sentimental del pequeño Libero Marsell, cuya primera lección es cuando descubre, siendo un niño, que la pasión no sabe de ataduras ni de convenciones. A través del ingenuo y melancólico muchacho, recorremos el tormentoso sendero de la adolescencia y los sinuosos meandros de la madurez. Sus experiencias sexuales con mujeres le introducen en un mundo en el que quiere quedarse, ya sea llevando una vida bohemia en París o frenética en Milán.
Al mismo tiempo que Libero se va forjando como estratega en el amor, debuta en él la fiebre por la literatura. Desde la intimidad que nos dan los libros, descubre la inexplicable ecuación de la pasión y la alquimia secreta de la sexualidad. Por la novela desfilan Buzzati, Carver, Faulkner, Camus, Heminguay y el intelectualismo sexual de Henry Miller.
El despertar de la carne le impulsa a mendigar la atención de las mujeres. Con la hermosa Marie, bibliotecaria y enamorada de los libros, aprende la gramática de los sentidos. Sin embargo, hay algo que cuenta más que la belleza, la sensualidad y el poder: la pureza. Ningún hombre, ni ninguna mujer, deja escapar la oportunidad de apropiarse de la inocencia. Él, que tanto ha luchado por ser fiel a su pureza, los paseos sin tiempo y las miradas clandestinas a mujeres bonitas acaban mancillando su pureza y pierde la virginidad. Después de Marie vendrá la discreta Lunette, a quien bautiza Ónice por su belleza mineral y de quien se sacia de un nuevo alfabeto. De ella aprende a extraer energía de las palabras para dársela a los sentidos, pero también, el poder devastador de los celos.
Marie, Lunette… con todas consigue tejer una telepatía sentimental y se sorprende de la embriaguez que emana de la presencia femenina en su vida. Lo interesante para el lector no es el bautismo erótico que cada amante proporciona a Libelo en favor de un punto sin retorno, sino el modo como Missiroli describe lo que para él constituye, en cada momento, el patrimonio de su intimidad y cómo, tras muchas aventuras impúdicas de exploración afectiva, consigue la insospechada plenitud.
En definitiva, novela un pelín subida de tono en la que la literatura alcanza su misión más plena. Muy recomendable de leer por lo cuidada que está en su estilo y por el goce generoso que nos proporciona. Embellecer la escritura es, también, embellecer la vida.
Buenas tardes y buenas lecturas.


