Hoy traigo una novela de apariencia ligera (unas 150 páginas), imprescindible para todo amante de la literatura y de lectura obligada, sobre todo, si se quiere entrar con buen pie en otras disciplinas del saber, como la filosofía.
Corría el año 1942 cuando el joven Albert Camus (Argelia, 1913 – Francia, 1960), de 29 años, publicó «El extranjero». Resulta asombroso cómo, a esa edad pudo retratar, con tantísimo acierto, lo que se convertiría en el pilar fundamental del movimiento existencialista. Acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial y Europa estaba herida. Lo que Camus hizo es una radiografía social que ejemplifica la corriente filosófica que dio nombre al existencialismo. Aquel joven desconocía la absoluta vigencia que tendrían sus reflexiones casi un siglo después.
Se lee con fascinación porque esta seductora narración, escrita con un estilo parco y lacónico, habla a todos. El protagonista es un joven franco-argelino, pero representa bien a cualquier ser humano. Meursault, que así se llama, podría estar sacado de una obra de ciencia ficción o de un pasaje evangélico, pues es un tipo que busca sin éxito algo que no está a su alcance: el sentido de la vida.
La novela se divide en dos partes y está contada en primera persona, recurso que acerca mucho al lector haciéndole sentir que está dentro de ella. La primera parte se centra en la reacción de Meursault tras leer un telegrama que le informa del fallecimiento de su madre:
Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias». Pero eso no quiere decir nada. Quizá fuera ayer.
El chico recibe la noticia con absoluta apatía, sin inmutarse ni soltar lágrima. Meursault carece de pasiones, como si no fueran con él. Vive en una suerte de angustia existencial en la que nada tiene importancia ni le altera. Desde este primer episodio, se rebela ante el lector como un tipo extraño, primer guiño al título de la obra.
La segunda parte desarrolla, sin entrar en detalles, el proceso penal y el interrogatorio al que es sometido tras ser arrestado por asesinato. Tanto el juez como su abogado se admiran por la profunda apatía con la que se resigna a ser condenado.
El tuétano del asunto está en que la acusación se centra en la personalidad de Meursault, no en el asesinato que ha cometido. El juez intenta sin éxito que el joven se arrepienta, pero un chico que no mostró reacciones de tristeza o llanto propias del proceso de duelo por la muerte de su madre carece de sentimientos y ha de ser condenado. Su conducta de asunción de la condena y ese pasotismo frente al destino que le ha tocado vivir refuerza en el lector ese carácter de tipo extraño al que alude el título. Etimológicamente, «extranjero» deriva del francés antiguo estrangier, que significa extraño y del latín extraneus.
Más interesante que la actitud apática de Meursault es el drástico contraste entre su vida y los valores morales que imperan en la sociedad. El joven ha descubierto el absurdo de la existencia. Aferrarse a ideas fijas de virtud, corrección o valor es irracional. En la sociedad en general, e incluso, en su propia vida metódica y desapegada, nada importa y, en el fondo, no tiene sentido luchar por una vida que carece de sentido. Meursault ejemplifica el pensamiento que rige la filosofía del absurdo de Camus. Su epifanía definitiva surge tras la discusión con un sacerdote que trata de abrirle los ojos a la existencia de una justicia divina a través del arrepentimiento. Las palabras del sacerdote no modifican el punto de vista del joven. No hay una verdad absoluta. Nada importa realmente, la única certeza es la muerte. Toda vida está condenada al vacío y cualquier intento de dar un sentido a la vida es inútil.
El extranjero de Camus, a través de Meursault, es ese individuo de espíritu libre que asoma palpitante a un mundo irracional, absurdo y caótico, y vive desapegado emocionalmente de él. Piensa que mientras las personas estén consumidas por la emoción existirá un obstáculo para la libertad y contempla con indiferencia el sinsentido del universo que le rodea. Certero y profundo análisis de la condición humana. Novelón de reclinatorio.
Buenas tardes y buenas lecturas.


