La recomendación de hoy es un texto apasionante para los amantes de Gabriel García Márquez (Aracataca, 1928- México, 2014), ese escritor universal que fue capaz de contar la vida de un continente con imaginación y poesía, ese embaucador de palabras que en 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura.
«Los funerales de la Mamá Grande» se publicó veinte años antes de recibir el galardón, en 1962, y entonces no vendió mucho. Tendría que pasar un tiempo para que los paladares de los lectores y críticos apreciasen tan exquisito bocado. La edición congrega ocho cuentos que corresponden a su época temprana, etapa de transición entre «La hojarasca» y la que le llevaría al realismo mágico pleno de «Cien años de soledad».
Desde el primer relato, el lector penetra en un mundo fantástico a través de una narración escueta y realista, en la que hay guiños (en personajes y lugares) al personalísimo universo de Gabo. Por estas páginas asoma el coronel Aureliano Buendía y el Macondo de «Cien años de soledad», pero el ambiente de estos cuentos, sobre todo, de los primeros, no es tan exuberante. Los cuentos son retratos del feudalismo absurdo y anacrónico de los pueblos colombianos que, como un espejo de magia, refleja toda la tragedia de las naciones latinoamericanas quemadas por iguales calenturas, «secas a golpe de puñal y bala», como en el verso de Jorge Enrique Adoum. Macondo es ese espacio simbólico en forma de pueblo aislado, en el que bulle una vida intensa, lleno de personajes excéntricos y violencia soterrada.
A medida que una se adentra en la lectura, gozando de ese contar ameno de Gabo, el realismo mágico despliega con todo su esplendor. Todo es exagerado y mágico, pero está narrado como si esa desproporción fuese lo normal. Gabo captura lo surrealista, lo fantástico y entreteje como nadie realidad y ficción. Inserta hechos reales que, al mismo tiempo, incluyen elementos maravillosos o irreales que los personajes perciben de manera natural y cotidiana. Lo extraño, lo onírico, lo peculiar, asoma como algo común. Como en «Cien años de soledad», pisar Macondo es atravesar un mundo en el que la realidad convive con la ficción como si de un sueño se tratara.
La narración es, pues, abrumadoramente mágica. Posee una riqueza de vocabulario que es toda una lección de estilo. No sobra ni falta una coma. Una se tizna de esa atmósfera evocadora de la que no quiere salir. Se siente convidada a gozar de un mundo imaginario, mágico y misterioso, en el que conviven elementos surrealistas, mitos, costumbres, tradiciones, exorcismos y supersticiones medievales. Se diría que el universo narrativo de Gabo aquí es un valioso tapiz de la literatura viva, por su compromiso con los problemas de los pueblos. Ofrece una mirada reposada y profunda de la vida en los pueblos colombianos, aproximándose a sus tradiciones más arraigadas.
Nadie pensaba que Mamá Grande fuera mortal. Durante muchos años, su matriarcado había garantizado la paz social y la concordia política de su imperio en virtud de un patrimonio secreto. Mamá Grande era la soberana absoluta del reino de Macondo. La aldea se fundó alrededor de su apellido. Llegó a los 92 años y concentraba tanto poder, riqueza y autoridad moral sobre todo el territorio que su muerte fue una auténtica conmoción nacional. A su funeral acudió hasta el Sumo Pontífice. Y, por supuesto, el presidente de la República y otros presidentes, las reinas nacionales de todas las cosas habidas y por haber, obispos, generales, como si se tratara de la mismísima patria. Mamá Grande estuvo dotada por la naturaleza para amamantar ella sola a toda su especie, pero murió virgen, rodeada de sus nueve sobrinos, sus herederos universales. Mamá Grande era dueña de las aguas corrientes y estancadas, llovidas y por llover, y de los caminos vecinales, los postes del telégrafo, los años bisiestos y el calor. Era la matrona más rica y poderosa del mundo. Su hegemonía no tenía límites.
En definitiva, texto recomendable para leer, releer, volver a él cuantas veces queramos porque posee ese don tan escaso de llenar de imaginación una historia que, dicha de otra manera, sería una historia más. Conozcámosla, volvamos a ella. Como todo lo que escribe García Márquez, libro de reclinatorio.
Buenos días y buenas lecturas.


