“La terrible historia de los vibradores asesinos” de Miguel Ángel Buj

fotovibra     Con una ganzúa, un cazo, una navaja multiusos y resuelta valentía, Ajonio Trepileto emprende la búsqueda de una partida defectuosa de vibradores que explotan con el uso.

    Nuestro protagonista es un esperpento. Un tipo repulsivo para el lector. Tiñoso, amigo de lo ajeno, vive a merced de lo que va sisando. Lleva gominolas secas en la chaqueta, moja el peine con coca-cola y se alimenta de huevos fritos con gaseosa. De sus sobacos fluyen emanaciones poco dignas y sus filias podemos decir que son no catalogables. Claudita es su pichurri, 170 kilos de amor que se pasa el día jalando Doritos y engatusándolo con su mirada lagartona. Otras ninfas como la Chafy, Izaskun o Zoé, soportan las atrocidades de Ajonio y mitigan sus ardores con indolente complicidad.

    Este libro se me antoja recomendable porque el personaje de Ajonio está creado con una pluma brillante. En su discurso, el autor en la voz de este tipejo, vuelca todo un ramillete de virtudes poco frecuentes en la narrativa actual. Descarga sus pensamientos prohibidos exponiendo con sutileza irónica una serie de sucesos humorísticos que ocurren en su vida, con el único fin de justificar sus tribulaciones ante el lector. Y con qué maestría.

    Si los pensamientos volcados en el papel fueran expresados de forma simple o vulgar, colocarían al narrador en un plano inferior. Pero las hazañas de Ajonio están contadas con un léxico tan extraordinario que las mayores atrocidades resultan veniales. Es ese estilo formal, preciso, tremendamente pulido, el que introduce la distancia necesaria entre el aroma hediondo del personaje y el valor narrativo de su creador.

    Amigos, la voz jocosa de Miguel Ángel Buj está dotada para la sátira. Un auténtico descubrimiento.

    Buenas noches y buenas lecturas.

buj

2 thoughts on ““La terrible historia de los vibradores asesinos” de Miguel Ángel Buj

    • Pues mira, Cristina, me acabo de bautizar en esta aventura. Creo haber sido conducida por una mano divina, pues yo soy la primera sorprendida en ver esta proeza. Seguramente, es sencillo. Preguntaré y ya te digo cómo debes hacer. Un abrazo de letras.

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