“El hipnotista” de Lars Kepler

Acabo de leer “El hipnotista” de Lars Kepler (nombre con el que escribe el matrimonio formado por Alexandra Coelho y Alexander Ahndoril), un thriller trepidante con muchas páginas y mucha intriga.

La acción trascurre en el corazón de Suecia. Nos sorprendemos con un despiadado apuñalamiento en el que pierden la vida tres miembros de una misma familia: el padre, la madre y una niña de cinco años. Con muchas cicatrices y profundas secuelas, salva la vida el pequeño de quince años (Josef) y, sin padecer secuelas ni cicatrices, su hermana mayor (Evelyn). El inspector del caso (Joona Linna) pide a un amigo, el excelente psiquiatra Erik Maria Bark y uno de los mejores hipnotistas del mundo, que induzca al chico a un estado de hipnosis profunda, con la esperanza de poder ver a través de sus ojos lo que ha sucedido. Sin duda, el joven es el mejor testigo que pueden tener y, aunque el proceso de hipnosis es lento y costoso, la familia vuelca su esperanza en el testimonio de Erik.

Con este macabro arranque, la historia desdobla un juego paralelo de intriga cuando Benjamin, hijo único del hipnotista, es secuestrado en su domicilio.

No desvelaré más detalles de la trama. Este cometido corresponde al lector. Sí adelanto que está urdida con oficio y, afortunadamente, la descripción de los crímenes, que tan desagradable resulta siempre, no es muy exhaustiva, habida cuenta de que las primeras páginas detallan que los cuerpos han sido descuartizados.

Amén de la investigación de los asesinatos, que se va complicando poco a poco, los capítulos sorprenden con un giro tras otro. Es ese tejer y destejer asuntos lo que nos ata a las páginas de un modo casi involuntario. Diálogos breves y estilo ágil secuencian los vaivenes de un matrimonio constituido por Erik y Simona que se halla al borde del naufragio, y retratan la compleja personalidad del inspector del caso (Joona Linna). El narrador omnisciente es la herramienta elegida por el autor (los autores) para dosificar la intriga.

En definitiva, esta narración escandinava escrita a cuatro manos, pulverizada con el manto de misterio que da la investigación de dos asesinatos, tiene buen ritmo y consigue mantener al lector en la cuerda floja hasta el cierre. A falta de virtudes mayores y sin la alcurnia de la novela clásica del género, entretiene y evade.

Buenas tardes y buenas lecturas.

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