“Llévame a casa” de Jesús Carrasco

La novela que hoy recomiendo es una lectura que traspasa. En “Llévame a casa” Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) deposita una mirada emotiva en cada palabra, en cada frase. Un texto que llega al corazón.

Hacerse cargo de los padres, cuando son mayores o están enfermos, es una responsabilidad de la que se habla poco. Aquí se reflexiona sobre esta responsabilidad. Sobre qué debe o no hacerse cuando a los hijos les llega el momento de dar a los padres lo que merecen, no lo que necesitan.

La acción trascurre en Cruces, un pueblo de la provincia de Toledo. Abre la historia el regreso de Juan desde Edimburgo, para acudir al entierro de su padre. Allí coincide con su madre y con su hermana Isabel, quien vive en Barcelona y ha formado una nueva familia. La intención de Juan es pasar unos días con ellos, enterrar al padre y regresar a Edimburgo para seguir con su vida. Sin embargo, durante su estancia en Cruces recibe de su hermana una noticia que le hará cambiar de planes.

No es un texto que destile optimismo, pero es muy interesante detenernos en cómo induce optimismo en el lector a través del personaje de Juan. Juan consigue pasar de cierta oscuridad, de cierto sinsentido, hacia una apertura y una luz que da brillo a la vida. Es la luz del conocimiento, del amor, de saber para qué estamos aquí. La vida le sirve la oportunidad de descubrirse a sí mismo. Cuando él ve la capacidad que tiene de ayudar a su padre, de cuidarlo, la vida se ilumina. Se da cuenta de que hacer el bien es la luz que necesitaba para ver que su vida tiene sentido. Y una oportunidad para redimirse. No hace falta irse lejos. ​

Jesús Carrasco es un amanuense de la palabra. Un artesano que se sirve, esencialmente, de dos instrumentos: la precisión y la contención. Ambos atributos definen su estilo y su prosa. La precisión le permite retratar de manera concisa y nítida qué es lo que sucede. La contención, dejar al lector que sea él quien complete el dibujo. Él mismo lo asegura: «Gran parte de mi trabajo está en utilizar esas herramientas para involucrar al lector, en buscar espacios en blanco que intento rodear de elementos. Lo óptimo para mí sería que el lector rellenase ese espacio en blanco con la emoción».

El extremeño reconoce su obsesión por cincelar el texto, por llevar al límite la artesanía de la palabra y se declara deudor de la literatura norteamericana de Raymond Carver, Richard Ford, John Updike y, en especial, Cormac McCarthy.

Lectura emotiva, directa, sencilla y eterna. Qué estupendo tener cerca esta novela exquisita recién salida del horno y la certeza de una sosegada digestión. Que cada cual escoja el momento para hincarle el diente.

Buenas tardes y buenas lecturas.

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