«Cosmética del enemigo» de Amélie Nothomb

cos     El libro de hoy es de los que agarran por la yugular. De los que tiran de dentro como ventosa de la que cuesta despegarse. ¿Género? El talento. ¿Estilo? Narración disfrazada de metáfora que camina, a través del diálogo entre dos personajes, con enorme creatividad. ¿Argumento? La terminal de un aeropuerto donde un empresario (Jérôme Angust) espera un vuelo que se retrasa. Se dispone a sumergirse en un libro cuando un tipo se sienta a su lado y le da conversación. Tras algunas enojosas confesiones del intruso (le cuenta que hace veinte años violó a una mujer, y después, cometió un asesinato, etc.), al viajero le resulta imposible librarse de él. Cuando presta atención al tipo, se da cuenta de que está escuchando latidos de una vida percutida con idénticos estigmas que la suya. Su moral se ha sentado frente a él. No dejará de hablarle hasta convertirse en su peor pesadilla.

     Textor Texel, así se llama el desconocido, se transforma en una abominable encarnación de todos los fantasmas de Jérôme August, quien verá convertida su espera en una aventura intrigante y terrible. Cada cual tiene su moral. Textor juzga los actos con la vara de medir del placer que proporcionan. El éxtasis voluptuoso es la suprema meta de la existencia y no necesita justificación alguna. Pero sin placer, el crimen es un mal gratuito, un sórdido daño. El otro solo existe para complacerle.

Si consideramos que un loco es un ser cuyo comportamiento resulta inexplicable, Textor es un loco. Un loco peligroso que necesita que Jérôme lo mate para resolver un problema de culpabilidad con el que no puede vivir en paz.

     Y no puedo desvelar nada más. Añadiré alguna nota de la autora y el título. La autora es Amélie Nothomb, la escritora viva que más me gusta. Nacida en un pueblo de montaña cerca de Kôbe (1967, Japón), confiesa sentirse belga desde que su abuela le dio a probar el chocolate. Su prosa es soberbia y sus novelas, finas exquisiteces que se deshacen en nuestro paladar como el mejor chocolate belga. Prolífica en reconocimientos (cada obra suya recibe un galardón -algunos, de los gordos-), es miembro de la Real Academia de la Lengua y de la Literatura Francesa desde 2015. Sobra decir la resonancia internacional de su agudísima forma de escribir. Siempre es natural y siempre tremendamente original. A veces, sórdida y pedante. Confiesa haberse hecho a sí misma como mujer, y en sus textos asoman rasgos de poseer el don de ser una narradora de primera línea.

     Lo suyo es una escritura secretamente autobiográfica, porque nunca es la misma escritura. Cada texto es una parte de su piel, un pequeño jirón bien escogido antes de ser extirpado y puesto en la mesa de disección, para goce y disfrute del lector, curioso por explorar esa prosa tan personal. Sin embargo, como el plumaje de muchas aves o el aspecto de esos artrópodos que mudan tras la reproducción conservando su morfología externa, la escritura de la belga mantiene bien su esencia. No es la misma, pero es ella. Siempre bella. Siempre desafiante. Siempre personal. El asunto puede ser sórdido, lacrimógeno, cruel, o puede ser rico, alegre y humano, pero el estilo de Amélie Nothomb es siempre bello, desafiante y personal. Ésta es la anatomía patológica de su narrativa. Su inconfundible sello.

     Y qué decir del título: Cosmética del enemigo. Mejor, escuchemos la voz en el relato:

     «La cosmética es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo (…) Le estoy mostrando cuál debería ser su camino natural, su destino cosmético (…). Todos los criminales no tienen un sentimiento de culpabilidad, pero cuando lo tienen, no pueden pensar en nada más. El culpable va al encuentro de su castigo igual que el agua fluye hacia el mar (…)» (pág. 72).

     Y el enemigo «soy la parte de ti que no se niega nada a sí misma, (…) soy la parte de ti que no olvida nada (…), soy la parte de ti que no se niega nada de lo que realmente le apetece (…), soy la parte de ti que te destruye (…)».

     Este libro menudo encierra más angustia, desesperación e insomnio en sus 96 páginas que cualquier tocho de intriga o terror. La belga no pierde el tiempo en detalles. Además de hacer gala de un estilo brillante, bello y desafiante, como he dicho, Amélie Nothomb despliega aquí un estilo reflectante. Porque más que (o además de) conmover, una vez sumergidos en sus páginas, nos ciega el fulgor de nuestro propio reflejo. Será porque cuenta una historia que a cualquiera nos puede pasar. Ese tipo que se sienta al lado del protagonista y empieza a incomodar… Será porque el diálogo es preciso y ágil. O porque yo tuve un momento de decir «cierro el libro y mañana seguiré», pero no pude. Es tan absorbente. Tan gratamente absorbente…

     Os recomiendo vivamente su lectura. Eso sí, no lo hagáis mientras esperáis un avión, por eso de no tentar al destino a que dibuje ese alter ego que dejasteis en casa. Buen libro, excelente libro. Una novela, casi una fábula, sobre la inexorable moral que, a modo de intrigantes teselas, cada uno irá recogiendo desde la primera página hasta componer un íntimo, y tal vez, doloroso, mosaico final.

     Buenas tardes y buenas lecturas.

ami

3 comentarios en “«Cosmética del enemigo» de Amélie Nothomb

    • Esther, mejor ésta que «Sabotaje amoroso», ¿verdad? Dudé en cuál reseñar. Ahora estoy con «Pétronille». Dime que tal te pareció «La nostalgia feliz» o «Metafísica de los tubos». Creo que vamos a coincidir. Es que la autora es brutal, ¿eh?. A mí me rapta por completo. Pero esos raptos consentidos… Un saludo.

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