“Y eso fue lo que pasó” de Natalia Ginzburg

Y-eso-fue-lo-que-pasó-     “Y eso fue lo que pasó” es una novela corta de Natalia Ginzburg (1916-1991) que se disfruta como la compañía de un ser querido cuya conversación no quisiéramos abandonar.

     La italiana inventa un caleidoscopio emocional, en forma de relato, para que veamos las sombras sentimentales de una mujer que padece la infidelidad de un hombre que jamás la amó. Incapaz de disfrutar de una felicidad soñada, el matrimonio convierte su existencia en una lucha por vivir de su memoria y de sus fantasías.

     Natalia Ginzburg es una tendera de las palabras. Lo suyo es contar y dejar por escrito una selva de letras, a disposición de quien quiera leerlas. Caer en la tentación de penetrar en su frondosa selva, es sostener un jugoso diálogo en el que los afectos nunca dejan de conversar.

     Su léxico es limpio, desnudo, fuerte. Los yunques contundentes de los diálogos desnudan la forja sentimental de una joven a la que no pone nombre. Puede ser cualquier mujer, pero no es una mujer cualquiera. Nuestra protagonista es una mujer abatida, triste, confundida y nostálgica. Una esposa dócil y afligida que abraza el desprecio y siente la fría caricia del olvido. Si la observamos de cerca, descubrimos que su mirada tiene poco del brillo femenino que sirve de espejo a lo bonito. Aquí no hay luz, sino una tiniebla asfixiante. No hay esperanza, sino una promesa extraviada. Bien distinto es el tono piadoso con el que la italiana, siempre magistral, balancea el caleidoscopio y agita las diminutas partículas que navegan por el relato.

     Tiene un arranque magnífico, con ese “le pegué un tiro entre los ojos” se produce la primera renuncia a la artificialidad, a cualquier máscara lingüística o retórica. Sabemos que la historia va a ser cruel en extremo, infinitamente cruel, crudelísima. Las páginas irán desgranando cómo llegó a tomar esa decisión. No para justificar su acción. Desbroza el final porque si entramos en ella sabiendo cómo acaba todo, nos resultará más fácil entender cómo empezó todo. Dicho en román paladino, si no puedes escapar de tus emociones, a lo mejor, es preferible darles rienda suelta. Y cuanto antes, mejor. Ahí lo dejo.

     Natalia Gintzburg escancia el hisopo redentor de que una historia que acaba mal no es una mala historia y nos hace ingerir finos sorbos de su prosa delicada. Su lenguaje nunca es insípido, pero siempre es sencillo. Nunca es vulgar, pero siempre es cotidiano. 

     En definitiva, deliciosa obrita que explora a un hombre y una mujer desde el colorido telar de los sentimientos —el mismo en el que afanosamente construye todas sus historias— y que convierte el tapiz del matrimonio en el fiel retrato de la mujer en una época que no le permitía hacer remiendos. 

     Buenas tardes y buenas lecturas.

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2 respuestas a ““Y eso fue lo que pasó” de Natalia Ginzburg

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